Sargeras y la traiciónCon el tiempo, las entidades demoníacas consiguieron entrar en los mundos de los Titanes desde Twisting Nether, y el Panteón eligió a su mejor guerrero, Sargeras, para que actuara como su primera línea de defensa. Sargeras, un noble gigante de bronce, cumplió con su deber durante incontables milenios, buscando y destruyendo a estos demonios dondequiera que los encontrara. A lo largo del tiempo, Sargeras se encontró con dos poderosas razas demoníacas, ambas deseosas de ganar poder y dominación sobre el universo físico.
Los Eredar, una insidiosa raza de malignos hechiceros, usaron sus artes mágicas para invadir y esclavizar varios mundos. Las razas nativas de estos mundos mutaron por el malévolo poder de los eredar y se convirtieron en demonios. Aunque los poderes casi ilimitados de Sargeras eran más que suficientes para derrotar a los viles eredar, tuvo muchos problemas por la corrupción de las criaturas. Incapaz de comprender tanta depravación, el gran Titán comenzó a caer en una grave depresión. A pesar de su creciente malestar, Sargeras libró al universo de los hechiceros atrapándolos dentro de un rincón de Twisting Nether. Aunque su confusión y miseria se agravaba, Sargeras fue forzado a lidiar con otro intento de un grupo que buscaba destruir el orden de los Titanes: los Nathrezim.
Esta oscura raza de demonios vampíricos (también conocidos como dreadlords) conquistó a un gran número de mundos poblados al poseer a sus habitantes y convertirlos en sombras. Los viles y maquinadores dreadlords enfrentaron a las naciones entre sí manipulándolas por medio del odio y la desconfianza. Sargeras derrotó con facilidad a los Nathrezim, pero su corrupción lo afectó profundamente.
A medida que la duda y la desesperación sobrepasaban a Sargeras, también perdió toda la fe en su misión, así como la visión del universo ordenado de los Titanes. Eventualmente llegó a creer que el concepto de orden era una insensatez, y que el caos y la depravación eran los únicos absolutos dentro del oscuro y solitario universo.
Sus compañeros Titanes intentaron persuadirlo de su error y calmar sus violentas emociones, pero él rechazó sus creencias más optimistas como ilusiones egocéntricas. Abandonando su lugar para siempre, Sargeras se fue a buscar un nuevo lugar para él en el universo. Aunque el Panteón se entristeció por su partida, los Titanes jamás pudieron haber predicho lo lejos que su hermano perdido iba a llegar.
En el momento en que la locura terminó de consumir los últimos vestigios del valiente espíritu de Sargeras, éste llegó a creer que los mismos Titanes eran los responsables por el fracaso de la creación. Finalmente decidió deshacer sus trabajos a través del universo, y entonces buscó la manera de formar un ejército imbatible que pondría en llamas al universo.
Incluso la forma titánica de Sargeras se distorsionó por la corrupción que entró en su corazón, antaño noble. Sus ojos, cabello, y barba se incendiaron en llamas, y su metálica piel de bronce se abrió para revelar una armadura de devastador odio.
En su furia, Sargeras destrozó las prisiones de los eredar y los nathrezim, y liberó a los odiosos demonios. Estas astutas criaturas se inclinaron frente a la oscura ira del Titán, y ofrecieron su servicio para cualquier tarea. De las filas de los poderosos Eredar, Sargeras eligió a dos líderes para comandar a su demoníaco ejército de destrucción. Kil’jaeden el Engañador fue elegido para buscar a las razas más oscuras en el universo y reclutarlas entre las filas de Sargeras. El segundo líder, Archimonde el Profano, fue elegido para guiar al vasto ejército de Sargeras en la batalla contra cualquiera que se resistiera a la voluntad del Titán.
El primer movimiento de Kil’jaeden fue esclavizar a los vampirescos dreadlords bajo su terrible poder. Los dreadlords le sirvieron como espías personales a través del universo, y tomaron con gusto la tarea de localizar razas primitivas que pudieran ser corrompidas por su amo. El primero entre los dreadlords es Tichondrius el Oscuro. Tichondrius sirvió a Kil’jaeden como el soldado perfecto, y accedió a llevar la oscura voluntad de Sargeras a todos los rincones del universo.
El poderoso Archimonde también otorgó poder a espías de su propiedad. Llamado entre los maléficos lords y su barbárico líder, Mannoroth el Destructor, Archimonde esperaba establecer un ejército de lucha elitista que pudiera rastrear creaciones de todo tipo de vidas.
Una vez que Sargeras vio que sus ejércitos eran inmensos y estaban listos para seguir su liderazgo, lanzó sus fuerzas sobre la Gran Oscuridad. Llamó a su creciente ejército Burning Legion (Legión Ardiente). Hasta este momento, todavía no está claro cuantos mundos consumieron y quemaron en su Cruzada Ardiente

sargeras en su forma normal
Los antiguos dioses y el ordenamiento de Azeroth Inconscientes de la misión de Sargeras para destruir sus infinitas creaciones, los Titanes continuaron moviéndose de mundo en mundo, moldeando y ordenando cada planeta como les parecía apropiado. A lo largo de su viaje encontraron un pequeño mundo cuyos habitantes llamaron luego Azeroth. A medida que los Titanes avanzaban sobre los primeros tramos de tierra, encontraron una gran número de seres hostiles. Estos seres, que adoraban a una raza de inconmensurable maldad conocida como los Antiguos Dioses, juraron detener a los Titanes y defender a su mundo de los invasores metálicos.
El Panteón, turbado por la afición de los Antiguos Dioses al mal, declaró la guerra a los nativos y a sus oscuros amos.
Los ejércitos de los Antiguos Dioses fueron liderados por los más poderosos tenientes: Ragnaros el Lord del Fuego, Therazane lord de las rocas, Al’Akir lord del viento, y Neptulon lord de las mareas. Sus caóticas fuerzas se lanzaron con furia sobre la faz de la tierra y chocaron contra los colosales Titanes. Aunque los elementales tenían un poder que escapaba a la comprensión humana, todas sus fuerzas combinadas no pudieron detener a los poderosos Titanes. Uno por uno, los lores cayeron y sus fuerzas se dispersaron.
El Panteón destruyó las ciudadelas de los Antiguos Dioses y encadenó a los cinco dioses malignos bajo la superficie del mundo. Sin el poder de los Antiguos Dioses para mantener a sus espíritus iracundos atados al mundo físico, los elementales desaparecieron en un plano abismal donde se enfrentarían entre sí por toda la eternidad. Con la partida de los elementales, la naturaleza se calmó y el mundo se estableció en una pacífica armonía. Los Titanes vieron que la amenaza estaba contenida y se dedicaron a trabajar.
Los Titanes dieron poderes a varias razas para que los ayudaran a reconstruir el mundo. Para ayudarlos a forjar las innumerables cavernas bajo la tierra, los Titantes crearon las tierras de los duendes a partir de la piedra viviente. Para ayudarlos a crear los mares y levantar la tierra desde el lecho marítimo, los Titanes inventaron a los inmensos pero pacíficos gigantes del mar. Durante muchas eras los Titanes moldearon la tierra, hasta que terminaron creando el continente perfecto.
En el centro del continente, los Titanes construyeron un lago de centelleantes energías. El lago, que ellos llamaron Pozo de la Eternidad, iba a ser la fuente de vida del mundo. Sus poderosas energías nutrirían el esqueleto del mundo, y fortalecerían la vida de raíz. Con el paso del tiempo, las plantas, los árboles, los monstruos y las criaturas de todo tipo, comenzaron a crecer en este continente.
A medida que el crepúsculo caía en el día final de sus labores, los Titanes llamaron al continente Kalimdor ‘la tierra de la eterna luz de estrella’.
Aman’Thul

Eonar

Norgannon

Khaz’goroth

Aggramar

La función de los dragones
Satisfechos por el orden de su pequeño mundo y la finalización de sus trabajos, los Titanes se prepararon para dejar Azeroth. Sin embargo, antes de su partida encargaron a las razas más poderosas del mundo con la tarea de vigilar y cuidar Kalimdor, de manera que ninguna fuerza se convirtiera en una amenaza para su perfecta tranquilidad. En esa era, existían muchos dragones voladores, aunque sólo cinco de ellos dominaban entre los de sur raza. Fueron estos cinco dragones los elegidos por los Titanes para liderar al nuevo mundo. El líder del Panteón donó una porción de su poder a cada uno de los dragones. Estos majestuosos dragones fueron conocidos como Great Aspects o Dragon Aspects.
Aman’Thul, el jefe del Panteón, concedió una porción de su poder cósmico al dragón de bronce, Nozdormu. El titán fortaleció a Nozdormu para que pudiera ser el guardián del tiempo y para que vigilara los caminos zigzagueantes del destino. El estoico y honorable Nozdormu entonces pasó a ser conocido como El Inmortal. Eonar, el titán patrono de toda la vida, concedió una porción de su poder al leviatán rojo Alexstrasza. De ahí en más Alexstrasza sería conocida como La Dadora de Vida, y su función era la de defender todas las criaturas vivientes del mundo. A causa de su suprema sabiduría e ilimitada compasión por todas las cosas vivientes, Alexstrasza fue coronada como la reina de los dragones, y se le otorgó el dominio de su raza.
Eonar también bendijo a la hermana menor de Alexstrasza, Ysera, una pequeña dragona verde, con una parte de la influencia de la naturaleza. Ysera cayó en un tranc eterno, unido al Sueño de la Creación. Conocida como la Soñadora, ella podía vigilar las tierras agrestes del mundo desde su verde dominio, el Sueño Esmeralda. Norgannon, el guardián de la tradición popular y gran mago, concedió al dragón azul, Malygos, una parte de su vasto poder. De ahí en adelante, Malygos sería conocido como el Tejedor de Hechizos, guardián de la magia y de los misterios arcádicos.
Khaz’goroth, el titán forjador del mundo, dio un poco de su inmenso poder al poderoso Neltharion. Neltharion, el de gran corazón, conocido después como el Celador de la Tierra, tuvo el dominio sobre la tierra y los lugares profundos del mundo. Personifica la fortaleza del mundo, y sirvió como el más grande de los aliados de Alexstrasza.
Así fortalecido, los Cinco Aspects fueron encargados de la defensa del mundo durante la ausencia de los Titanes. Con los dragones preparados para salvaguardar su creación, los Titanes dejaron Azeroth atrás para siempre. Desafortunadamente era una cuestión de tiempo que Sargeras se enterara de la existencia del nuevo mundo.
nozdormu
Alexstrasza
Ysera
El mundo naciente y el Pozo de la Eternidad Diez años antes de que orcos y humanos se enfrentaran en su Primera Guerra, el mundo de Azeroth consistía en una única masa continental rodeada por el mar. Ese continente, conocido como Kalimdor, era el hogar de varias razas y criaturas dispares, todas ansiosas pos sobrevivir entre los salvajes elementos del mundo naciente. En el oscuro centro del continente se encontraba un misterioso lago de energías incandescentes. Este lago, que luego sería llamado Pozo de la Eternidad, era el verdadero corazón del poder mágico y natural del mundo. Al sacar sus energías de la infinita Gran Oscuridad más allá del mundo, el Pozo actuaba como una fuente mística enviando sus potentes energías sobre el mundo para nutrir a la vida y sus maravillosas formas.
Con el tiempo, una primitiva tribu de humanoides nocturnos se abrió paso con cautela hacia los límites del lago encantado. Los feral, humanoides nómadas, atraídos por las extrañas energías del Pozo construyeron sus hogares sobre la costa del mismo. Con el paso del tiempo el poder cósmico del Pozo afectó a la tribu, y los convirtió en seres poderosos, sabios e inmortales. La tribu adoptó el nombre de Kaldorei, que significaba ‘hijos de las estrellas’ en su lengua nativa. Para celebrar su nueva sociedad construyeron grandes templos y edificios alrededor de la periferia del lago.
Los Kaldorei, o elfos nocturnos como se los llamó más tarde, adoraban a la diosa de la luna, Elude, y creían que ella dormía dentro de las profundidades del Pozo durante las horas del día. Los primeros sacerdotes y adivinas de los elfos estudiaron al Pozo con insaciable curiosidad, tratando de develar sus secretos y poderes. A medida que su sociedad crecía, los elfos nocturnos exploraron las raíces de Kalimdor y encontraron sus otros ascendientes. Las únicas criaturas que les pusieron freno fueros los antiguos y poderosos dragones. Las enormes bestias serpentinas generalmente eran retraídas y solitarias, pero hacían mucho por mantener a salvo las tierras conocidas de amenazas potenciales. Los elfos nocturnos descubrieron que los dragones eran los protectores del mundo, y acordaron que sus secretos era mejor guardarlos.
Con el tiempo, la curiosidad de los elfos los llevó a conocer y hacer amistad con varias entidades poderosas, entre las cuales e encontraba Cenarius, un poderoso semidios de los bosques primordiales. El magnánimo Cenarius le tomó mucho cariño a los curiosos elfos, y pasó una gran cantidad de tiempo enseñándoles acerca del mundo natural. Los pacíficos Kaldorei desarrollaron una profunda empatía por los bosques de Kalimdor y aprendieron a deleitarse con el armonioso equilibrio de la naturaleza.
A medida que las infinitas eras transcurrían, la civilización de los elfos se expandió territorial y culturalmente. Sus templos, caminos, y lugares de hábitat se expandieron sobre el oscuro continente. Azshara, la hermosa reina de los elfos, construyó un inmenso palacio en las orillas del Pozo que servía como hogar de sus servidores favoritos. Sus vasallos, llamados Quel’dorei o ‘Nobles’, la adoraban y creían que ellos estaban por encima del resto de los elfos. Aunque la reina Azshara fue amada de la misma manera por todos los elfos, los Nobles eran envidiados y despreciados por el resto del pueblo.
Azshara –que compartía la curiosidad de los sacerdotes por el Pozo-, ordenó a los Nobles averiguar sus secretos y revelar su verdadero propósito en el mundo. Los Nobles se entregaron con ardor a su tarea y estudiaron al Pozo con constancia. Con el tiempo llegaron a poder controlar las energías cósmicas del Pozo. A medida que sus experimentos progresaban, los Nobles descubrieron que podían usar sus nuevos poderes para crear o destruir cuanto quisieran. Los necios Nobles se habían encontrado con magia primitiva, y ahora estaban resueltos a dedicarse por completo a su dominio. Aunque acordaron que la magia no era peligrosa si se la manejaba con cuidado, Azshara y sus Nobles comenzaron a practicar hechizos con irresponsabilidad y descuido. Cenarius y varios eruditos elfos les advirtieron que solo podría resultar en un gran desastre sus juegos con las artes mágicas. A pesar de esto, Azshara y sus seguidores continuaron tercamente con la expansión de sus poderes.
A medida que sus poderes crecían, se produjo un cambio en Azshara y los Nobles. La altiva y distante clase aristócrata se volvió crecientemente insensible y cruel con sus hermanos elfos. Un velo de oscuridad nubló la belleza de Azshara. Comenzó a evitar a sus amados súbditos y rechazaba la compañía de cualquiera que no fuera alguno de sus fieles sacerdotes nobles.
Un joven estudiante llamado Malfurion Stormrage, que había pasado mucho de su tiempo estudiando las primitivas artes de los druidas, comenzó a sospechar que un terrible poder estaba corrompiendo a los Nobles y a su amada reina. Aunque no podía comprender el mal que estaba por llegar, él sabía que las vidas de los elfos nocturnos pronto cambiarían para siempre.
Azshara en su forma elfica

La guerra de los AntiguosEl uso irresponsable de la magia por parte de los Nobles envío ondas de energías desde el Pozo de la Eternidad hacia la Gran Oscuridad del Más Allá. La corriente de energía fue sentida por terribles mentes alienígenas. Sargeras-el Gran Enemigo de toda vida, el destructor de mundos-, sintió las potentes ondas y fue hacia su punto de origen. Luego de espiar Azeroth y sentir las ilimitadas energías del Pozo de la Eternidad, Sargeras se consumió en su insaciable avidez de poder. El gran dios oscuro del Vacío Innombrable decidió destruir este mundo y apoderarse de sus energías.
Sargeras reunió a su enorme ejército (la legión ardiente), y se dirigió hacia el desprevenido mundo de Azeroth. La Legión estaba compuesta por un millón de demonios chillones, todos venidos de diferentes puntos del universo, y deseosos de conquistar nuevas tierras. Los tenientes de Sargeras, Archimonde el Profano y Mannoroth el Destructor, prepararon a sus infernales subordinados para el ataque.
La reina Azshara, sobrepasada por el terrible éxtasis de su magia, cayó víctima del innegable poder de Sargeras y accedió a dejarle entrar a su mundo. Incluso sus servidores nobles cayeron frente a la inevitable corrupción de la magia y comenzaron a adorar a Sargeras como su dios. Para demostrar su alianza con la Legión, los Nobles ayudaron a su reina a abrir un enorme portal dentro de las profundidades del Pozo de la Eternidad.
Una vez que se realizaron todas las preparaciones, Sargeras comenzó la invasión de Azeroth. Los demonios guerreros de la Legión Ardiente se introdujeron en el mundo a través del Pozo de la Eternidad y sembraron el terror entre las ciudades de los elfos nocturnos. Guiada por el Archimonde y Mannoroth, la Legión asedió las tierras de Kalimdor, dejando solo cenizas y dolor a su paso. Los hechiceros demoníacos invocaron ardientes infiernos que chocaron como meteoros contra los delicados capiteles de los templos de Kalimdor. Una banda de asesinos sanguinarios conocida como Doomguard (patrulla de la perdición) marchó a través de las tierras de Kalimdor aniquilando a cualquiera que se cruzara en su camino. Grupos de salvajes sabuesos devastaron los campos sin oposición. Aunque lo valientes guerreros Kaldorei defendieron con presteza su antiguo hogar, fueron forzados a ceder terreno pulgada por pulgada ante la furia de la matanza de la Legión.
Quedó en manos de Malfurion Stormrage la tarea de buscar ayuda para su hostigado pueblo. Stormrage, cuyo hermano, Illidan, practicaba la magia de los nobles, estaba indignado por la creciente corrupción de la clase alta. Luego de convencer a Illidan para que olvidara su peligrosa obsesión, Malfurion se dedicó a encontrar a Cenarius para reunir un ejército de resistencia. La hermosa y joven sacerdotisa, Tyrande, acordó acompañar a los hermanos en el nombre de Elune. Aunque Malfurion e Illidan compartían el amor por la sacerdotisa, el corazón de Tyrande pertenecía únicamente a Malfurion. Illidan envidiaba al naciente amor de su hermano con Tyrande, pero sabía que su despecho no era nada comparado con el dolor por su adicción a la magia.
Illidan, quien había crecido dependiente de las energías fortalecedoras de la magia, luchaba para combatir su avidez por desatar las energías del Pozo una vez más. Sin embargo, con el paciente apoyo de Tyrande, puedo controlarse y ayudar a su hermano a encontrar al semidios Cenarius. Éste, que deambulaba por el sagrado bosque Moonglades del distante Monte Hyjal, accedió a ayudar a los elfos mediante la búsqueda de los dragones ancestrales para que se unieran a su lucha. Los dragones, liderados por el gran leviatán rojo, Alexstrasza, aceptaron enviar sus poderosas fuerzas contra los demonios y sus infernales jefes.
Cenarius, invocando a los espíritus de los bosques encantados, reunió un ejército de hombres-árboles y los dirigió contra la Legión en una batalla terrestre. Mientras los aliados de los elfos nocturnos se concentraban en el templo de Azshara y en el Pozo de la Eternidad, la guerra explotó. A pesar de la fuerza de los nuevos aliados, Malfurion y sus colegas se dieron cuenta de que la Legión no podía ser derrotada sólo por fuerza marcial.
Mientras una titánica batalla asediaba la ciudad capital de Azshara, la enloquecida reina esperaba la llegada de Sargeras con anticipación. El lord de la Legión se estaba preparando para atravesar el Pozo de la Eternidad y entrar al desolado mundo. A medida que su enorme sombra se acercaba cada vez más a la superficie del Pozo, Azshara reunió a los más poderosos de sus seguidores Nobles. Sólo uniendo sus poderes en un único hechizo podrían ser capaces de crear una puerta de entrada suficientemente grande como para que Sargeras pudiera entrar.
Mientras la batalla continuaba en los ardientes campos de Kalimdor, apareció un terrible cambio de eventos. Los detalles del evento se perdieron con el tiempo, pero se sabe que Neltharion, el dragón de la Tierra, enloqueció durante una crítica batalla contra la Legión Ardiente. Entonces comenzó a transformarse en fuego, y la furia emergió de su lado oscuro. Se renombró a sí mismo como Deathwing (Ala de la muerte), el dragón ardiente, y atacó a los de su raza logrando echarlos del campo de batalla.
La repentina traición de Deathwing fue tan destructiva que los cinco dragones nunca se recuperaron totalmente. Heridos y traumados, Alexstasza y los otros nobles dragones fueron forzados a abandonar a sus aliados mortales. Malfurion y sus compañeros, ahora en completa desventaja numérica, apenas sobrevivieron a la matanza.
Malfurion, convencido de que el Pozo de la Eternidad era el nexo de los demonios con el mundo físico, insistió en su destrucción. Sus compañeros, sabiendo que el Pozo era la fuente de su inmortalidad y poder, estaban horrorizado por esta decisión repentina. Sin embargo, Tyrande vio la sabiduría de la teoría de Malfurion y entonces convenció a Cenarius y a sus camaradas de atacar el templo de Azshara y encontrar una manera de cerrar el Pozo para siempre.
Illidan Stormrage
Malfurion Stormrage
tyrande whisperwind
La separación del mundoSabiendo que la destrucción del Pozo evitaría el uso de la magia, Illidan abandonó el grupo y se dirigió a advertirle a los Nobles sobre el plan de Malfurion. Debido a la locura causada por su adicción y a su resentimiento por el amorío de su hermano con Tyrande, illidan no sintió remordimiento alguno al traicionar a Malfurion para aliarse con Azshara. Sobre todas las cosas Illidan luchaba para proteger el poder del Pozo por cualquier medio necesario.
Herido por la partida de su hermano, Malfurion llevó a sus compañeros al centro del templo de Azshara. Sin embargo, a medida que avanzaban en la recámara principal, encontraron a los Nobles en medio de su oscuro hechizo final. El hechizo comunitario creó un inestable vórtice de poder dentro de las profundidades del Pozo. Mientras la ominosa sombra de Sargeras se acercaba cada vez más a la superficie, Malfurion y sus aliados se apresuraron a atacar.
Azshara, después de recibir las advertencias de Illidan, estaba más que preparada para la lucha contra ellos. Casi todos los seguidores de Malfurion cayeron frente a los terribles poderes de la reina. Tyrande, en un intento de atacar a la reina por detrás, fue atrapada por sus guardianes. Aunque los derrotó, Tyrande sufrió graves heridas en sus manos. Cuando Malfurion vio que su amor caía herida, entró en un estado iracundo y decidió terminar con la vida de Azshara.
Mientras la batalla continuaba dentro y fuera del templo, Illidan apareció desde las sombras cercanas a las costas del gran Pozo. Entonces produjo un conjunto de viales especiales que llenó con el agua del Pozo. Convencido de que los demonios arrasarían con la civilización de los elfos nocturnos, planeaba robarse el agua sagrada y quedarse con sus energías.
La batalla entre Malfurion y Azshara creó el caos en el hechizo de lo Nobles. El inestable vórtice dentro de las profundidades del Pozo explotó y desató una catastrófica cadena de eventos que separaría al mundo para siempre. La explosión masiva conmovió al templo hasta sus cimientos y envió terremotos masivos a través de la torturada tierra. Mientras la terrible batalla entre la Legión y los aliados de los elfos nocturnos seguía en la capital, el Pozo de la Eternidad colapsó sobre sí mismo.
La catastrófica explosión resultante destrozó a la tierra y borró a lo cielos. Como las secuelas de la explosión del Pozo deshicieron los huesos del mundo, los mares se avalanzaron y llenaron el hueco dejado por la tierra. Casi un ochenta porciento de las tierras de Kalimdor desaparecieron, dejando un puñado de continentes separados alrededor del nuevo océano. En el centro de éste, donde el Pozo de la Eternidad había estado una vez, había una tumultuosa tormenta de furia y energías caóticas. Esta terrible cicatriz, conocida como Maelstrom, nunca dejaría d girar. Permanecería como un constante recordatorio de la terrible catástrofe y de la era utópica perdida para siempre.
De alguna manera, y contra todos los pronósticos, la reina Azshara y los Nobles lograron sobrevivir a esta terrible experiencia. Torturados y enloquecidos por los poderes que habían desatado, Azshara y sus seguidores fueron arrastrados bajo el mar luego de la explosión del Pozo. Malditos-y transformados-, tomaron nuevas formas y se convirtieron en los odiosos Naga. Azshara se agrandó con odio y furia, convirtiéndose en una terrible monstruosidad que reflejaba la maldad que había habitado desde siempre en su corazón.
Allí, en el fondo del Maelstrom, los naga construyeron una nueva ciudad, Nazjatar, en la cual recuperarían su poder. Tomó más de diez mil años antes de que los naga revelaran su existencia al mundo.

Monte Hyjal y el regalo de Illidan
Los pocos elfos sobrevivientes a la explosión remaron en precarias balsas y se abrieron paso lentamente hacia el único territorio a la vista. De alguna manera, mediante la gracia de Elune, Malfurion, Tyrande y Cenarius sobrevivieron a la Gran Separación. Los agotados héroes aceptaron liderar a los demás sobrevivientes y establecer un nuevo hogar para su pueblo. Mientras viajaban en silencio, observaban la destrucción de su mundo y comprendieron que sus pasiones les habían ocasionado el desastre. Aunque Sargeras y su Legión fueron exiliados del mundo por la eliminación del Pozo, Malfurion y sus compañeros tuvieron que sufrir el terrible costo de la victoria.
Varios nobles sobrevivieron al cataclismo y salieron ilesos. Se fueron a las costas de la nueva tierra junto con los demás elfos nocturnos. Aunque Malfurion desconfiaba de las motivaciones de los nobles, sabía que no podían causar problemas sin las energías del Pozo.
Mientras la exhausta masa de elfos llegaba a las costas de la nueva tierra, descubrieron que la montaña sagrada, Hyjal, había sobrevivido a la catástrofe. Buscando establecerse en algún lugar, Malfurion y los suyos escalaron la ladera del Hyjal y llegaron a su cumbre. Cuando descendían en la arbolada cuenca, emplazada entre los enormes picos de las montañas, encontraron un pequeño y pacífico lago. Para su horror, descubrieron que el agua del lago había sido infectada por magia.
Illidan, que también había sobrevivido a la Separación, había llegado a la cima del Hyjal mucho antes que Malfurion y los elfos. En su loca obsesión por mantener las corrientes de magia en el mundo, Illidan derramó los viales que contenían el agua del Pozo de la Eternidad en el lago de la montaña. Las potentes energías del Pozo rápidamente se unieron para crear un nuevo Pozo de la Eternidad. Illidan creía que el nuevo Pozo era un regalo para las generaciones futuras, por eso se sorprendió cuando Malfurion lo atrapó. Él le explicó que la magia era inherentemente caótica y que su uso llevaría inevitablemente a la expansión de la corrupción. A pesar de esto, Illidan rechazó renunciar a sus poderes mágicos.
Sabiendo perfectamente bien adónde llevarían los despiadados planes de Illidan, Malfurion decidió enfrentarse a su hermano de una vez por todas. Con la ayuda de Cenarius Malfurion encerró a Illidan dentro de una prisión subterránea donde permanecería encadenado y sin poder hasta el fin de los tiempos. Para asegurar el encierro de su hermano, Malfurion otorgó poderes a la joven guardiana Maiev Shadowsong para que fuera la carcelera personal de Illidan.
Preocupado por la catástrofe que podía traer la destrucción del nuevo Pozo, los elfos decidieron dejarlo así. Sin embargo, Malfurion ordenó la eliminación de la práctica de magia por siempre. Bajo el ojo vigilante de Cenarius, comenzaron a estudiar las antiguas artes de los druidas que les permitirían sanar la tierra devastada y hacer crecer nuevamente a los bosques en la base del monte Hyjal.
El Árbol del mundo y el Sueño Esmeralda Durante muchos años los elfos nocturnos trabajaron incansablemente para reconstruir lo que pudieran de su antigua tierra. Abandonaron sus antiguos templos y caminos y construyeron sus nuevos hogares en medio de verdes árboles y colinas en la base del monte Hyjal. Con el tiempo, los dragones que habían sobrevivido a la gran Separación salieron de sus guaridas secretas.
Alexstrasza el rojo, Ysera el verde, y Nozdormu el bronce descendieron sobre los pacíficos claros de los druidas y contemplaron los frutos del trabajo de los elfos. Malfurion, quien se había convertido en un druida de inmenso poder, saludó a los poderosos dragones y les contó sobre la creación del nuevo Pozo de la Eternidad. Los magnánimos dragones se alarmaron al escuchar las malas noticias, y pensaron que mientras el Pozo existiera, la Legión podía llegar a retornar para asediar nuevamente al mundo. Malfurion y los tres dragones hicieron un pacto para mantener la seguridad del Pozo y para asegurar que los agentes de la Legión Ardiente jamás encontraran el camino de retorno al mundo.
Alexstrasza, el Dador de Vida, ubicó una bellota encantada dentro del corazón del Pozo de la Eternidad. La bellota, activada por las potentes y mágicas aguas, creció hasta convertirse en un árbol colosal. Las poderosas raíces del árbol crecieron desde las aguas del Pozo hasta que su copa parecía arañar el cielo. El inmenso árbol funcionaría como un símbolo eterno del lazo de los elfos con la naturaleza, y sus energías dadoras de vida se extenderían para sanar al resto del mundo con el tiempo. Los elfos llamaron a su Árbol del Mundo ‘Nordrassil’, que significa ‘corona de los cielos’ en su lengua nativa.
Nozdormu, el Eterno, realizó un hechizo sobre el Árbol del Mundo para asegurarse de que mientras el gigantesco árbol estuviera en pie, los elfos nocturnos nunca envejecerían o serían presa de la enfermedad.
Ysera, el Soñador, también puso un encanto sobre el Árbol del Mundo al unirlo a su propio dominio, la eterna dimensión conocida como el Sueño Esmeralda. El Sueño Esmeralda, un vasto y cambiante espíritu del mundo, existe fuera de los límites del mundo físico. Desde el Sueño, Ysera regula el flujo y reflujo de la naturaleza y el camino evolutivo del mundo. Los druidas de los elfos nocturnos, incluyendo al mismísimo Malfurion, estaban unidos al Sueño a través del Árbol del Mundo. Como parte del pacto mítico los druidas acordaron dormir por centurias de manera que sus espíritus pudieran habitar lo infinitos caminos de los sueños de Ysera. Aunque los druidas no estaban contentos con la idea de tener que perder tantos años de sus vidas hibernando, ellos aceptaron cumplir generosamente con el trato con Ysera.