Exilio de los Elfos Nobles
A medida que las centurias pasaban, la sociedad de los elfos se fortalecía y expandía a través del bosque que luego fue llamado Ashenvale. Muchas de las criaturas y especies que abundaban antes de la Gran Separación, como los furbolgs y los quilboars, reaparecieron y florecieron en la tierra. Bajo el benevolente liderazgo de los druidas, los elfos nocturnos disfrutaron de una era de paz sin precedentes y tranquilidad bajo las estrellas.
Sin embargo, muchos de los Nobles sobrevivientes vivían sin paz. Al igual que Illidan antes que de ellos, se sentían víctimas del abandono que vino por la pérdida de su codiciada magia. Estuvieron tentados de tantear las energías del Pozo de la Eternidad y así recuperar sus prácticas mágicas. Dath’ Remar, el descarado, vocero líder de los Nobles, comenzó a burlarse de los druidas públicamente, llamándolos cobardes por negarse a ejercer la magia que era suya por derecho. Malfurion y los druidas rechazaron lo argumentos de Dath’Remar y advirtieron a los Nobles que cualquier uso de magia sería castigado con la muerte. Luego de un insolente y funesto intento de convencer a los druidas de rescindir su trato, Dath’Remar y sus seguidores desataron una terrible tormenta mágica sobre Ashenvale.
Los druidas no hubieran podido tolerar tanta muerte para los de su especie, por lo que decidieron exiliar a los soberbios Nobles de sus tierras. Dath’ Remar y sus seguidores, felices de haberse librado de sus primos conservadores de una vez por todas, abordaron varias naves especialmente construidas y salieron a navegar los mares. Aunque ninguno de ellos sabía qué podían llegar a encontrarse más allá de las aguas del Maelstrom, estaban ansiosos de establecer su propio hogar, donde pudieran practicar la magia con impunidad. Los Nobles, o Quel’dorei como los llamo Azshara en eras pasadas, eventualmente se establecieron sobre las tierras del este, llamadas por los hombres Lordaeron. Tenían planeado construir su propio reino mágico, Quel’Thalas, y rechazar los preceptos de los elfos sobre la adoración lunar y la actividad nocturna. De ahí en más, ellos adorarían al sol y serían conocidos como los ‘elfos superiores’.
Los Centinelas y la Gran Vigilia
Con la partida de sus obstinados primos, los elfos nocturnos centraron su atención de nuevo en el cuidado y la seguridad de su hogar encantado. Los druidas, presintiendo que su tiempo de hibernación se acercaba, se prepararon para dormir y dejar a sus seres queridos y familias atrás. Tyrande, quien se había convertido en la Alta Sacerdotisa de Elune, le pidió a su enamorado, Malfurion, que no la dejara para irse al Sueño Esmeralda de Ysera. Pero Malfurion, cuyo honor lo obligaba a entrar en los cambiantes Senderos del Sueño, se despidió de la princesa y juró que nunca estarían separados mientras mantuvieran la verdad de su amor.
Tyrande quedó sola para proteger a Kalimdor de los peligros del nuevo mundo, por lo cual decidió reunir un poderoso ejército formado por sus hermanas elfas. Las valientes y hábiles guerreras se entregaron por completo a la defensa de Kalimdor y fueron conocidas como las Centinelas. Aunque preferían patrullar los sombríos bosques de Ashenvale por su cuenta, tenían muchos aliados a los que podían acudir en tiempos de urgencia.
El semidios Cenarius permaneció cerca de Moonglades, en el Monte Hyjal. Sus hijos, conocidos como los Guardianes de la Arboleda, vigilaban de cerca de los elfos nocturnos y ayudaban a las Centinelas a mantener la paz con regularidad. Incluso las tímidas hijas de Cenarius, las dríadas, aparecían en la superficie con bastante frecuencia.
La tarea de custodiar Ashenvale mantenía muy ocupada a Tyrande, pero sin Malfurion a su lado no era feliz. A medida que las largas centurias pasaban mientras los druidas dormían, sus miedos de una segunda invasión crecieron. No podía sacarse la sensación de que la Legión Ardiente posiblemente estaba allí fuera, más allá de la Gran Oscuridad del cielo, planeando su venganza sobre los elfos nocturnos y el mundo de Azeroth.
El hallazgo de Quel'Thalas
Los elfos superiores, liderados por Dath’Remar, dejaron Kalimdor detrás de ellos y se enfrentaron a las tormentas del Maelstrom. Sus flotas deambularon las ruinas del mundo durante muchos años, y descubrieron misterios y reinos perdidos durante su estadía. Dath’ Remar, que tomó el nombre de Sunstrider (o ‘aquel que camina sobre el día’), buscó lugares de poder considerable para construir un nuevo hogar para su pueblo.
Su flota finalmente desembarcó en las playas del reino que los hombres llamarían luego Lordaeron. Al adentrarse tierra adentro, los elfos superiores fundaron un establecimiento dentro del tranquilo bosque Tirisfal. Luego de algunos años, muchos de ellos comenzaron a enloquecer. Se creía que algún mal dormía bajo esa parte del mundo, pero los rumores nunca llegaban a ser probados. Los elfos superiores empacaron sus cosas y se mudaron hacia el norte, a otra tierra de energías poderosas.
A medida que los elfos superiores cruzaban el áspero terreno formado por las montañosas tierras de Lordaeron, su viaje se tornaba más peligroso. Como ya no poseían las energías del Pozo de la Eternidad, muchos de ellos se sentían mal debido al clima frío, o morían de hambre. El cambio más desconcertante, sin embargo, era el hecho de que ya no eran inmortales ni inmunes a los elementos. También encogieron su tamaño, y su piel perdió su matiz violáceo. A pesar de sus obstáculos, pudieron descubrir muchas criaturas maravillosas que no eran conocidas en Kalimdor. También encontraron tribus de humanos primitivos que cazaban a través de los antiguos bosques. Sin embargo, la peor amenaza que enfrentaron fueron los voraces y astutos trolls de Zul’Aman.
Estos trolls podían regenerar miembros perdidos y sanar graves heridas físicas, pero eran una raza malvada y salvaje. El imperio Amani se extendía sobre la mayor parte de Lordaeron septentrional, y los trolls tenían dificultades para mantener fuera de sus tierras a los forasteros. Los elfos desarrollaron un profundo odio hacia los trolls, por lo cual los mataban cada vez que se encontraban con ellos.
Después de varios años, los elfos superiores finalmente encontraron una tierra parecida a Kalimdor. Bien adentro de los bosques del norte del continente encontraron el reino de Quel’Thalas, y juraron crear un poderoso imperio que opacaría al de sus primos Kaldorei. Desafortunadamente Quel’Thalas estaba fundada sobre una antigua ciudad troll que esta raza todavía consideraba sagrada. Casi de inmediato los trolls comenzaron el ataque a los establecimientos de los elfos.
Los obstinados elfos, negados a ceder su nueva tierra, utilizaron la magia que habían sacado del Pozo de la Eternidad y mantuvieron a raya a los salvajes trolls. Bajo el liderazgo de Dath’Remar, fueron capaces de derrotar a los ejércitos de Amani que los superaban numéricamente por mucho. Algunos elfos, concientes de las advertencias de los antiguos Kaldorei, creían que el uso de la magia podría llamar la atención de la Legión Ardiente. Por lo tanto decidieron asegurar sus tierras dentro de una barrera protectora que les permitiría seguir practicando sus hechizos. Construyeron una serie de monolitos de piedra en varios puntos alrededor de Quel’Thalas que marcaban los límites de la barrera mágica. Los monolitos no solo protegían la magia de los elfos de amenazas extra dimensionales, sino que también ayudaban a asustar a las supersticiosas bandas de trolls.
A medida que el tiempo transcurría, Quel’Thalas se convirtió en un monumento resplandeciente de los esfuerzos y proezas mágicas de los elfos superiores. Sus bellos palacios fueron construidos en el mismo estilo arquitectónico del de los antiguos pasillos de Kalimdor, aunque estaban entretejidos con la topografía natural de la tierra. Quel’Thalas se convirtió en la joya que los elfos habían esperado tanto tiempo. La Convocatoria de Silvermoon fue la base del poder dominador sobre Quel’Thalas, aunque la dinastía Sunstrider mantuvo un ápice del poder político. Comprendido por siete de los lores elfos más grandes, la Convocatoria trabajó para asegurar la seguridad de las tierras de su pueblo.
Rodeados por su barrera protectora, los elfos superiores permanecieron insensibles a las viejas advertencias de los Kaldorei y continuaron usando la magia en casi todos los aspectos de sus vidas.
Por casi cuatrocientos años los elfos superiores vivieron pacíficamente dentro de la seguridad de su reino. Sin embargo, los vengativos trolls no eran tan fáciles de derrotar. Se complotaron y tramaron la venganza en las profundidades del bosque, donde esperaron que sus ejércitos crecieran en cantidad. Finalmente, una poderosa armada troll salió de los bosques y una vez más sembró el terror en las tierras de Quel’Thalas.
Arathor y las guerras de los trolls
Mientras los elfos superiores luchaban por sus vidas en la batalla contra los trolls, las dispersas tribus nómadas de los humanos de Lordaeron luchaban para consolidar sus propias tierras. Las tribus humanas se atacaron entre sí, sin tener en cuenta la posibilidad de unificación racial o de honor. Sin embargo, una tribu conocida como Arathi, comprendió que los trolls se estaban convirtiendo en una amenaza demasiado grande como para ignorar. Los Arathi deseaban unir a todas las tribus bajo su mando de manera que pudieran luchar juntos contra los ejércitos de los trolls.
En el curso de seis años, los astutos Arathi vencieron a las tribus rivales. Luego de cada victoria ellos ofrecían la paz y la igualdad a los pueblos conquistados; así, se ganaron la lealtad de aquellos que habían vencido. Eventualmente los Arathi llegaron a integrar muchas tribus dispares, y las filas de su ejército crecieron. Confiados en que podrían defenderse contra los ejércitos de los trolls e incluso contra los de los elfos si era necesario, los generales de los Arathi decidieron construir una poderosa fortaleza en las regiones meridionales de Lordaeron. La ciudad-estado, llamada Strom, se convirtió en la capital de la nación Arathi, Arathor.
A medida que Arathor prosperaba, los humanos de todo el vasto continente viajaban al sur, hacia la protección y seguridad de Strom. Unidos bajo un único estandarte, las tribus humanas desarrollaron una cultura fuerte y optimista. Thoradin, el rey de Arathor, sabía que los misteriosos elfos de las tierras del norte estaban bajo el constante asedio de los trolls, pero se negaban a arriesgar la seguridad de su pueblo en defensa de forasteros solitarios. Pasaron muchos meses mientras llegaban desde el norte rumores de la supuesta derrota de los elfos. Sólo cuando los agotados embajadores de Quel’Thalas llegaron a Strom, Thoradin comprendió cuán grande era la amenaza de los trolls.
Los elfos informaron a Thoradin que los ejércitos trolls eran enormes y que una vez que los trolls destruyeran Quel’Thalas, seguirían su ataque hacia las tierras del sur. Los desesperados elfos, en extrema necesidad de ayuda militar, aceptaron enseñar magia a algunos humanos seleccionados a cambio de su ayuda contra sus enemigos.
Thoradin, desconfiando de toda magia, aceptó ayudar a los elfos. Casi de inmediato, los hechiceros elfos llegaron a Arathor y comenzaron a instruir a un grupo de humanos en las artes mágicas.
Los elfos descubrieron que, aunque los humanos eran torpes por naturaleza en su manejo de la magia, poseían una afinidad natural para ella. Cien hombres aprendieron las bases de los secretos mágicos de los elfos: no más de lo que era necesario para combatir a los trolls. Convencidos de que sus estudiantes humanos estaban preparados para ayudar en la lucha, los elfos dejaron Strom y viajaron al norte junto con las poderosas armadas del rey Thoradin.
Los ejércitos de los elfos y humanos se enfrentaron contra las terribles armadas de los trolls al pie de las montañas Alterac. La batalla duró varios días, pero los incansables soldados de Arathor nunca se rindieron frente a los violentos ataques de los trolls. Los lores elfos estimaron que había llegado el momento de liberar el poder de su magia sobre el enemigo. Los cien magos humanos y una multitud de hechiceros elfos invocaron la ira de los cielos y arrasaron con los ejércitos de los trolls. Los fuegos elementales evitaron que los trolls pudieran regenerar sus heridas y quemaron sus formas golpeadas desde dentro hacia fuera.
Aunque los ejércitos de los trolls intentaron huir, las armadas de Thoradin los persiguieron hasta que matar a todos sus soldados. Los trolls nunca se recuperarían de su derrota, y la historia nunca más contemplaría su levantamiento como nación. Seguros de la seguridad de Quel’Thalas, los elfos hicieron un pacto de lealtad y amistad con la nación Arathor y con el linaje de su rey, Thoradin. Los elfos y los humanos guardarían relaciones amistosas durante las eras venideras.
Los guardianes de tirisfal
Con la ausencia de los trolls en las tierras del norte, los elfos de Quel’Thalas concentraron sus esfuerzos en la reconstrucción de su gloriosa tierra. Los ejércitos victoriosos de Arathor regresaron a su hogar en el sur de Strom. La sociedad humana de Arathor creció y prosperó, aunque Thoradin, temerosos de que su reino se dividiera si lo extendía demasiado, mantuvo a Strom como centro del imperio de su raza. Luego de varios años pacíficos de crecimiento y comercio, el poderoso Thoradin murió por su avanzada edad, dejándole a la generación siguiente de Arathor la libertad para expandir el imperio más allá de las tierras de Strom.
El centenar de magos originales, quienes aprendieron sus artes gracias a los elfos, expandieron sus poderes y estudiaron las disciplinas místicas de los hechizos con mayor detalle. Estos magos, inicialmente elegidos por sus fuertes voluntades y nobles espíritus, siempre practicaron su magia con cuidado y responsabilidad; sin embargo, pasaron sus secretos y poderes a una nueva generación que no tenía su mismo concepto sobre los rigores de la guerra o sobre la necesidad de autocontrol. Estos jóvenes magos comenzaron a practicar la magia para beneficio personal más que para ayudar a sus semejantes.
A medida que el imperio crecía y ganaba nuevas tierras, los nuevos magos también migraban hacia las tierras del sur. Por medio del ejercicio de sus poderes místicos, los magos protegían a sus hermanos de las criaturas salvajes de la tierra, y lograron que fuera posible la construcción de nuevas ciudades-estado en tierras salvajes. Sin embargo, a medida que sus poderes crecían, los magos se volvieron más engreídos y solitarios.
La segunda ciudad-estado de Arathon, Dalaran, fue fundada en las tierras del norte de Strom. Muchos magos abandonaron los confines restringidos de Strom y viajaron hacia Dalaran, donde esperaban poder usar sus poderes con mayor libertad. Estos hechiceros usaron sus habilidades para construir los capiteles encantados de Dalaran y revelaron los propósitos de sus estudios. Los ciudadanos de Dalaran toleraban las acciones de los magos, y crearon una economía muy activa bajo su protección. Sin embargo, mientras más y más magos practicaban sus artes, la estructura social de la realidad alrededor de Dalaran comenzaba a debilitarse.
Los siniestros agentes de la Legión Ardiente, que habían sido eliminados cuando el Pozo de la Eternidad colapsó, se introdujeron nuevamente en el mundo por los inconscientes hechizos de los magos de Dalaran. Aunque estos demonios relativamente débiles no destacaban por su fuerza, crearon mucho caos y confusión en las calles de la ciudad. Muchos de estos encuentros con los demonios eran episodios aislados, y los magos gobernantes se esforzaban por esconder estos incidentes al público. Los magos más poderosos fueron enviados a capturar a los escurridizos demonios, pero a menudo eran superados por los agentes de la poderosa Legión.
Después de uno pocos meses el supersticioso campesinado comenzó a sospechar que sus líderes estaban ocultándoles algo terrible. Empezaron a correr rumores de revolución en las calles de Dalaran a medida que la paranoia ciudadana cuestionaba los motivos y prácticas de los magos, antes admirados por ellas. Los magos, temiendo que los campesinos se rebelaran y que Strom tomara acciones contra ellos, acudieron al único grupo que ellos creían que podía entender su problema: los elfos.
Luego de escuchar las noticias de los magos sobre la actividad demoníaca en Dalaran, los elfos rápidamente despacharon a sus magos más poderosos hacia las tierras de los humanos. Los hechiceros estudiaron las corrientes de energías en Dalaran y realizaron informes detallados de la actividad demoníaca observada. Concluyeron que, aunque había sólo unos pocos demonios perdidos en el mundo, la Legión permanecería como una amenaza directa siempre que los humanos ejercieran las fuerzas de la magia.
El Consejo de Silvermoon, que gobernaba sobre los elfos de Quel’Thalas, entró en un pacto secreto con el lord de los magos de Dalaran. Los elfos le contaron a los magos sobre la historia del antiguo Kalimdor y sobre la Legión Ardiente, historia que todavía amenazaba al mundo. Ellos explicaron a los humanos que mientras usaran magia, necesitarían proteger a los ciudadanos de los maliciosos agentes de la Legión.
Los magos propusieron otorgarle poder a un único campeón mortal que utilizara sus poderes colectivos para luchar una eterna guerra secreta contra la Legión. Se acordó que la mayoría de la humanidad no debía saber sobre los Guardianes o la amenaza de la Legión por miedo a que cayeran en el terror y la paranoia. Los elfos aceptaron la propuesta y fundaron una sociedad secreta que vigilaría la selección del Guardián y ayudaría a controlar el crecimiento del caos en el mundo.
La sociedad mantuvo sus reuniones secretas en los sombríos bosques de Tirisfal, donde los elfos superiores habían establecido Lordaeron por primera vez. Así, ellos llamaron a su secta secreta ‘los Guardianes de Tirisfal’. Los campeones mortales elegidos para ser Guardianes, obtuvieron increíbles poderes tanto de la magia de los elfos como de la de los humanos. Aunque habría un solo guardián a la vez, tenían tanto poder que podía luchar individualmente contra los agentes de la Legión dondequiera que los encontraban. El poder del Guardián era tan inmenso que sólo el Consejo de Tirisfal tenía permitido elegir sucesores potenciales para el mando de la Guardia. Cuando un Guardián envejecía demasiado, o se hartaba de la guerra secreta contra el caos, el Consejo elegía a un nuevo campeón, y bajo condiciones controladas, canalizaba el poder del guardián a su nuevo agente.
A medida que las generaciones pasaban, los Guardianes defendían a las masas humanas de la invisible amenaza de la Legión Ardiente a través de las tierras de Arathor y Quel’Thalas. Arathor creció y prosperó mientras el uso de la magia se esparcía por el imperio. Mientras tanto, los Guardianes vigilaban que no hubieran signos de actividad demoníaca.
Ironforge: el despertar de los Enanos
En tiempos antiguos, luego de la partida de los titanes de Azeroth, sus hijos, conocidos como los terrenales, continuaron moldeando y cuidando los lugares más recónditos del mundo. Los terrenales no se preocuparon durante mucho tiempo por los asuntos de las razas de la superficie, y vivían sólo para sondear las oscuras profundidades de la tierra.
Cuando el mundo se dividió por la explosión del Pozo de la Eternidad, los terrenales fueron profundamente afectados. Sufriendo el mismo dolor que la tierra, los terrenales perdieron gran parte de su identidad y se encerraron en las recámaras de piedra donde habían sido creados. Uldaman, Uldum, Ulduar…estos eran los nombres de las antiguas ciudades titánicas donde los terrenales tomaron forma originalmente. Enterrados en las profundidades del mundo, los terrenales descansaron en paz durante casi ochocientos años.
Aunque no es claro qué fue lo que los despertó, el encierro de los terrenales dentro de Uldaman eventualmente surgió de su sueño impuesto por ellos mismos. Estos terrenales descubrieron que habían cambiado significativamente durante su hibernación. Su piel rocosa se suavizó, y sus poderes sobre la piedra y la tierra se debilitaron. Se habían convertido en criaturas mortales.
Llamándose a sí mismos ‘enanos’ (dwarves), el último de los terrenales abandonó los pasillos de Uldaman y se aventuró al mundo. Todavía atraídos por la seguridad y las maravillas de los lugares profundos, fundaron un vasto reino bajo la montaña más alta de la tierra. Llamaron a su tierra Khaz Modan, o ‘Montaña de Khaz’, en honor del Titán moldeador, Khaz’goroth. Al construir un altar para su Titán fundador, los enanos crearon una poderosa forja dentro del corazón de la montaña. Así, la ciudad que creció alrededor de la forja sería luego llamada Ironforge.
Los enanos, fascinados por naturaleza con las gemas y las piedras, se dedicaron a minar las montañas circundantes para buscar riquezas y minerales preciosos. Satisfechos con sus labores bajo el mundo, los enanos permanecieron aislados de los asuntos de sus vecinos de la superficie.
WANKAVILKA RAYMI (GUAYAKILL) !!
Hace 13 años



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