historia del world of warcraft parte IV

Kil'jaeden y el Pacto de Sombra

Cerca del nacimiento de Medivh en Azeroth, Kil’jaeden el Engañador se sentó a meditar junto a sus seguidores en Twisting Nether. El astuto lord, siguiendo órdenes de su amo Sargeras, estaba planeando la segunda invasión de la Legión Ardiente en Azeroth. Esta vez no permitiría ningún error. Kil’jaeden pensó que necesitaría una nueva fuerza para debilitar a las fuerzas de las defensas de Azeroth antes de que la Legión pusiera un pie en el mundo. Si las razas mortales, como los elfos nocturnos y los dragones, se encontraban forzados a enfrentarse con una nueva amenaza, estarían demasiado débiles para oponer resistencia cuando la legión los invadiera.
Fue en ese momento cuando Kil’jaeden descubrió al exuberante mundo de Draenor flotando apaciblemente dentro de la Gran Oscuridad. Hogar de los orcos-chamanes y de los pacíficos Draenei, Draenor era un lugar tan idílico como vasto. Los clanes orcos vagaban por las praderas abiertas y jugaban deportes, mientras que los inquisitivos draenei construían ciudades dentro de los altísimos picos y acantilados de allí. Kil’jaeden sabía que los habitantes de Draenor poseían un gran potencial para servir a la Legión Ardiente si recibían la instrucción apropiada.
De las dos razas, Kil’jaeden observó que los guerreros orcos eran más susceptibles de ser corrompidos por la Legión. Entonces llamó la atención del chamán orco más anciano, Ner’zhul, de la misma manera que Sargeras lo había hecho con la Reina Azshara en tiempos pasados. Usando al astuto chamán como conducto, el demonio esparció el ansia de guerra y el salvajismo a través de los orcos. Al poco tiempo la raza se convirtió en un pueblo sediento de sangre. Kil’jaeden luego motivó a Ner’zhul y su gente para cumplir con el último paso: sacrificarse a sí mismos por entero a la persecución de la muerte y la guerra. Sin embargo, el viejo chamán, presintiendo que su pueblo resultaría esclavo del odio para siempre, logró resistirse a las órdenes del demonio.
Frustrado por la resistencia de Ner’zhul, Kil’jaeden buscó otro orco que entregara a su gente a las garras de la Legión. El astuto lord finalmente encontró al discípulo obediente que buscaba en el aprendiz de Ner’zhul, Gul’dan. Kil’jaeden prometió a Gul’dan poder infinito a cambio de su completa obediencia. El joven orco se transformó en un estudiante ávido de poderes demoníacos y se convirtió en el hechicero mortal más poderoso de la historia. Enseñó a otros jóvenes orcos las artes antiguas, y luchó por erradicar las tradiciones chamanísticas de los orcos. Gul’dan introdujo a su raza en una nueva rama de la magia, un terrible poder que llevaría a la perdición.
Kil’jaeden, buscando consolidar su control sobre los orcos, ayudó a Gul’dan a encontrar al Consejo de la Sombra, una secta secreta que manipulaba a los clanes y propagaba el uso de la magia a través de Draenor. A medida que más y más orcos comenzaban a manejar la hechicería, los suaves campos y ríos de Draenor comenzaron a desaparecer. Con el tiempo, las vastas praderas que los orcos habían llamado hogar durante generaciones se marchitaron, dejando en su lugar un baldío de tierra colorada. Las energías demoníacas estaban acabando con el mundo lentamente.


Levantamiento de la Horda

Los orcos se volvieron crecientemente agresivos al estar bajo el control secreto de Gul’dan y su Consejo de Sombras. Construyeron estadios enormes donde practicaban sus habilidades bélicas en competencias de combate y muerte. Durante este período, algunos jefes de clanes hablaron contra la creciente depravación de su raza. Uno de ellos, Durotan del clan Frostwolf, advirtió de los peligros que corrían los orcos de perderse en el odio y la ira. Sus palabras no fueron escuchadas, sin embargo, jefes de clanes fuertes como Grom Hellscream del clan Warsong aclamó y defendió la nueva era de guerra y dominación.
Kil’jaeden sabía que los clanes orcos estaban casi listos, pero necesitaba estar totalmente seguro de su lealtad. En secreto, hizo que el Consejo de las Sombras convocara a Mannoroth el Detructor, la viva imagen de la destrucción y la furia. Gul’dan llamó a los jefes de los clanes para convencerlos de que bebieran la sangre de Mannoroth para convertirse en guerreros invencibles. Guiados por Grom Hellscream, todos los jefes excepto Durotan bebieron, y entonces sellaron su destino como esclavos de la Legión Ardiente. Fortalecidos por la ira de Mannoroth, los jefes extendieron su esclavitud al resto de los de su raza.
Consumidos por la maldición de la avidez de sangre, los orcos buscaron desatar su furia sobre cualquiera que se enfrentara a ellos. Como presentía que su tiempo había llegado, Gul’dan unió los distintos clanes en un solo grupo llamado la Horda. Sin embargo, sabiendo que los distintos jefes como Hellscream y Orgrim Doomhammer lucharían por tener la supremacía del grupo, Gul’dan estableció un jefe-títere para manejar a su Horda. Blackhand el Destructor, un hechicero orco particularmente depravado y vicioso, fue elegido para ser la ‘mascota’ de Gul’dan. Bajo el comando de Blackhand, la Horda se dirigió a probar su fuerza contra los draenei.
Luego del curso de algunos meses, la Horda erradicó a casi todos los draenei que vivían en Draenor. Solo pocos sobrevivientes consiguieron evadir a la terrible amenaza de los orcos. Enardecida por la victoria, la Horda se consumió en un terrible apetito por matanza.
Kil’jaeden sabía que la Horda estaba finalmente preparada. Los orcos se habían convertido en la principal arma de la Legión Ardiente. El astuto demonio compartió su pensamiento con su amo, y Sargeras concordó en que el tiempo de su venganza había llegado.


El portal negro y la caída de Stormwind

Mientras Kil’jaeden preparaba a la Horda para la invasión de Azeroth, Medivh continuaba luchando por su alma contra Sargeras. El rey Llane, noble monarca de Stormwind, estaba muy preocupado por la oscuridad que rodeaba al espíritu de su antiguo amigo. El rey compartió su preocupación con Anduin Lothar, el último descendiente del linaje Arathi, a quien había nombrado como teniente en armas. A pesar de todo, ningún hombre podría haber previsto que el lento descenso de Medivh en los abismos de la locura traería los horrores que habrían de venir.
Como incentivo final, Sargeras prometió otorgar gran poder a Gul’dan si éste accedía a liderar a la Horda hacia Azeroth. A través de Medivh, Sargeras le dijo al hechicero que podría convertirse en un dios viviente si encontraba la tumba submarina donde la guardiana Aegwynn había guardado su cadáver hacía casi cien años ya. Gul’dan aceptó y decidió que, una vez que los ciudadanos de Azeroth fueran derrotados, encontraría la legendaria tumba y reclamaría su recompensa. Seguro de que la Horda serviría sus propósitos, Sargeras ordenó el comienzo de la invasión.
Por medio de un esfuerzo conjunto, Medivh y los hechiceros del Consejo de las Sombras abrieron un portal a otra dimensión llamada el Portal Negro. Este portal unía las distancias que separaban Azeroth de Draenor, y era suficientemente grande como para que el ejército pudiera pasar. Gul’dan despachó algunos exploradores orcos para que inspeccionaran las tierras que estaban por conquistar. Los informantes al volver aseguraron al Consejo que Azeroth estaba lista para ser tomada.
Todavía convencido de que la corrupción de Gul’dan destruiría a su pueblo, Durotan volvió a hablar contra los hechiceros. El valiente guerrero afirmaba que los hechiceros estaban destruyendo la pureza del espíritu orco, y que su necia invasión sería su perdición. Gul’dan, incapaz de arriesgarse a matar a un héroe tan popular, fue forzado a enviar a Durotan al exilio en los límites lejanos del nuevo mundo junto con su clan.
Luego de que el clan Frostwolves pasara por el portal, solo algunos clanes los siguieron. Estos orcos establecieron con rapidez una base de operaciones dentro de Black Morass, una oscura y pantanosa área al este del reino de Stormwind. Mientras los orcos comenzaban a explorar las nuevas tierras, entraron en conflicto con los defensores humanos de Stormwind. Aunque estas escaramuzas usualmente terminaban rápidamente, hacían mucho por ilustrar las debilidades y fortalezas de las dos razas rivales. Llane y Lothar nunca fueron capaces de ganar datos precisos sobre los números de los orcos, y sólo les quedaba adivinar cuán grande sería la fuerza contra la que iban a luchar. Luego de pocos años, la mayoría de los orcos de la Horda habían entrado en Azeroth, y Gul’dan entonces estimó que había llegado el momento de contrarrestarlos. La Horda lanzó su poderoso ataque contra el confiado reino de Stormwind.
Mientras las fuerzas de Azeroth chocaban contra las de la Horda a lo largo del reino, los conflictos internos comenzaron a surgir en ambos lados. El rey Llane, que creía que los bestiales orcos eran incapaces de conquistar Azeroth, mantenía su posición en Stormwind. Sin embargo, Sir Lothar estaba convencido de que había que llevar la batalla directo contra los enemigos, y se vio forzado a elegir entre su lealtad al rey y sus convicciones. Lothar eligió seguir a sus instintos, y atacó la fortaleza de Medivh con la ayuda del joven aprendiz de magia Khadgar. Lothar y Khadgar triunfaron al eliminar al guardián poseído, que era la raíz del conflicto. Al matar el cuerpo de Medivh, Lothar y el joven aprendiz desterraron al espíritu de Sargeras al abismo sin saberlo. Como consecuencia, el espíritu puro y virtuoso de Medivh revivió, y deambuló por el plano astral durante varios años.
Aunque Medivh había sido derrotado, la Horda continuaba dominando a las defensas de Stormwind. A medida que se acercaba su victoria, Orgrim Doomhammer, uno de los jefes orcos más grandes, comenzó a ver la depravada corrupción que se había esparcido a través de los clanes desde su tiempo en Draenor. Su viejo compañero, Durotan, volvió desde el exilio y le advirtió contra el carácter traicionero de Gul’dan. Entonces los asesinos de Gul’dan mataron a Durotan y a su familia, dejando a su hijo menor vivo. Doomhammer no sabía que el hijo de Durotan había sido encontrado por un oficial humano, Aedelas Blackmoore , y tomado como esclavo.
Ese infante se convertiría posteriormente en el líder más grande de su pueblo.
Indignado por la muerte de Durotan, Orgrim se prometió liberar a la Horda de la corrupción demoníaca y asumió el rol de jefe militar luego de matar a Blackhand. Bajo su decisivo liderazgo, la implacable Horda asedió la fortaleza de Stormwind. El rey Llane había subestimado el poder de la Horda, y veía con deseperación la caída de su pueblo frente a los invasores. Al final el rey Llane fue asesinado por uno de los mejores asesinos del Consejo de las Sombras: el medio orco Garona.
Lothar y sus guerreros, al volver a su hogar desde Karazhan, esperaban poder frenar la pérdida de vidas y salvar su antiguamente gloriosa tierra. Pero regresaron muy tarde, y se encontraron con las ruinas de su amado mundo. La horda continuaba destrozando la tierra y reclamó el territorio para ellos. Forzados a esconderse, Lothar y sus compañeros juraron recuperar sus tierras a cualquier costo.

La Alianza de Lordaeron

Lord Lothar reunió lo que quedaba de los ejércitos de Azeroth después de su derrota en Stormwind, e inició un éxodo masivo hacia el reino de Lordaeron. Convencidos de que la Horda se apoderaría de toda la humanidad si quedaba sin ninguna amenaza a su alrededor, los líderes de las siete naciones humanas se reunieron y acordaron unirse en la que sería conocida como la Alianza de Lordaeron. Por la primera vez en casi trescientos años, las naciones de Arathor volvían a unirse bajo un entandarte común. Elegido como comandante supremo de las fuerzas aliadas, Lord Lothar preparó a sus ejércitos para la llegada de la Horda.
Ayudado por sus tenientes -Uther el Dador de Luz, el almirante Daelin Proudmoore, y Turalyon-, Lothar logró convencer a las razas semi-humanas de Lordaeron del peligro de la amenaza inminente. La Alianza también logró ganar el apoyo de los duendes de Ironforge y de un pequeño número de elfos de Quel’Thalas. Los elfos, liderados por Anasterian Sunstrider, no estaban interesados en el conflicto. Sin embargo, tenían un lazo con Lothar porque era el último descendiente del linaje Arathi, que había ayudado a los elfos en tiempos pasados.
La Horda, ahora guiada por el jefe Doomhammer, trajo ogros de sus tierras en Draenor y reclutó a los trolls del bosque de Amani. La Horda estableció una campaña masiva para derrotar al reino duende de Khaz Modan y los límites sur de Lordaeron, y diezmaron sin esfuerzo alguno a toda su oposición.
Las épicas batallas de la Segunda Guerra variaron desde escaramuzas navales hasta masivas batallas aéreas. La Horda había conseguido desenterrar un poderoso artefacto conocido como el Alma Demoníaca y lo usaron para esclavizar a la reina de los dragones, Alexstrasza. Al amenazarla con la destrucción de sus crías, la Horda forzó a Alexstasza a que enviara a sus hijos crecidos a la guerra. Los nobles dragones rojos fueron obligados a luchar para la Horda.
La guerra se extendió a través de los continentes de Khaz Modan, Lordaeron y Azeroth. Como parte de su campaña por el norte, la Horda logró romper los límites de Quel’Thalas, lo que aseguró el compromiso final de los elfos con la causa de la Alianza. Las ciudades más grandes de Lordaeron fueron destruidas por el conflicto. A pesar de la falta de refuerzos y obstáculos enormes, Lothar y sus aliados lograron mantener a sus enemigos a raya.
Sin embargo, durante los días finales de la Segunda Guerra, cuando la victoria de la Horda sobre la Alianza parecía casi asegurada, surgió una terrible disputa entre dos de los orcos más poderosos en Azeroth. Mientras Doomhammer preparaba su ataque final contra la capital de Lordaeron-ataque que terminaría con los remanentes de la Alianza-, Gul’dan y sus seguidores abandonaron sus puestos. Doomhammer, desconcertado, habiendo perdido casi la mitad de sus fuerzas luego de la traición de Gul’dan, se vio forzado a retirarse y olvidar su oportunidad de derrotar a la Alianza.
Gul’dan, obsesionado con la obtención de la inmortalidad, planeó una desesperada búsqueda de la tumba de Sargeras, que él creía contenía los secretos de su poder. Habiendo condenado a sus hermanos orcos a convertirse en esclavos de la Legión, Gul’dan no pensó en ningún momento en su lealtad hacia Doomhammer. Respaldado por los clanes Stormreaver y Twilight’s Hammer, Gul’dan logró encontrar la tumba de Sargeras en el lecho del mar. Sin embargo, cuando abrió la antigua tumba lo único que encontró fue un grupo de demonios que lo esperaban.
Para castigar a los caprichosos orcos por su traición, Doomhammer envió sus fuerzas para que mataron a Gul’dan y trajeran a los renegados de vuelta. Por su necedad, Gul’dan fue despedazado por los demonios que él mismo había liberado. Al morir su líder, los clanes renegados cayeron rápidamente frente a las legiones de Doomhammer. Aunque la rebelión había sido sofocada, la Horda había sufrido terribles pérdidas. La traición de Gul’dan había esperanzado a la Alianza, y además le dio tiempo para que se reagruparan.
Lord Lothar, viendo que la Horda estaba dividiéndose, reunió lo último de sus fuerzas y empujó a Doomhammer hacia el sur, de vuelta al corazón destruido de Stormwind. Allí, las fuerzas de la Alianza atraparon a la Horda dentro de la fortaleza volcánica de Blackrock Spire. Aunque Lord Lothar cayó en batalla en la base de la fortaleza, su teniente, Turalyon, juntó a las fuerzas aliadas y mandó a la Horda al abismo del Pantano del Dolor. Las fuerzas de Turalyon lograron destruir el Portal Negro, la mística puerta que conectaba a los orcos con su hogar en Draenor. Sin refuerzos y debilitados por las luchas internas, los orcos de la Horda finalmente cayeron frente al poder de la Alianza.
Los clanes de los orcos sobrevivientes fueron apresados y encarcelados en campamentos. Aunque parecía que la Horda había sido derrotada para siempre, muchos dudaban de la seguridad y estabilidad de la paz lograda. Khadgar, ahora un mago de cierto renombre, convenció al comando supremo de la Alianza de construir la fortaleza de Nethergarde para cuidar las ruinas del Portal Negro y asegurar que no hubieran más invasiones desde Draenor.

La invasión de Draenor
Mientras se apagaban los fuegos de la Segunda Guerra, la Alianza tomó agresivos pasos para contener la amenaza orca. Algunos campos de internación, ideados para ser cárceles de orcos, fueron construidas al sur de Lordaeron. Vigilados por soldados paladines y veteranos de la Alianza, los campos fueron un gran éxito. Aunque los orcos cautivos estaban tensos y ansiosos para batallar una vez más, los guardianes de los campos, establecidos en la vieja fortaleza de Durnholde, mantenían la paz y un orden seguro. Sin embargo, en el mundo infernal de Draenor, un nuevo ejército de orcos se preparaba para atacar a la Alianza. Ner’zhul, antiguo mentor de Gul’dan, reunió a los clanes remanentes de los orcos bao su oscuro estandarte. Ayudado por el clan Shadowmoon, el viejo chamán tenía planeado abrir algunos portales en Draenor que llevarían a la Horda a nuevos mundos. Para fortalecer sus nuevos portales, necesitaba varios artefactos encantados de Azeroth. Para conseguirlos, Ner’zhul reabrió el Portal Negro y envió a sus sirvientes a través de él.
La nueva Horda, guiada por tenientes veteranos como Grom Hellscream y Kilrogg Deadeye (del clan Bleeding Hollow), sorprendieron a las defensas de la Alianza y arrasaron los campos. Bajo el comando de Ner’zhul, los orcos consiguieron rápidamente los artefactos que necesitaban y entonces volvieron a la seguridad de Draenor.
El rey Terenas de Lordaeron, convencido de que los orcos estaban preparando una nueva invasión de Azeroth, reunió a sus tenientes más confiables. Ordenó al general Turalyon y al mago Khadgar que guiaran una expedición a través del Portal Negro para terminar con la amenaza de los orcos de una vez por todas. Las fuerzas de Turalyon y Khadgar marcharon hacia Draenor y se enfrentaron varias veces con los clanes de Ner’zhul en la península Hellfire. Incluso con la ayuda del elfo Alleria Windrunner, el duende Kurdran Wildhammer, y el soldado veterano Dantah Trollbane, Khadgar no pudo evitar que Ner’zhul abriera los portales hacia otros mundos.
Ner’zhul finalmente abrió sus portales a otros mundos, pero no pudo prever el terrible precio que iba a pagar por ello. Las tremendas energías de los portales comenzaron a despedazar la estructura de Draenor. Mientras las fuerzas de Turalyon luchaban desesperadamente para volver a Azeroth, Draenor comenzó empezaba a colapsar sobre sí mismo. Grom Hellscream y Kilrogg Deadeye, luego de comprender que los planes lunáticos de Ner’zhul serían la perdición de su raza, reunieron a los orcos restantes y escaparon hacia la relativa seguridad de Azeroth.
En Draenor, Turalyon y Khadgar acordaron hacer el último sacrificio mediante la destrucción del Portal Negro desde su lado. Aunque les costaría la vida, y las vidas de sus compañeros también, ellos sabían que era la única manera de asegurar la supervivencia de Azeroth. Mientras Hellscream y Deadeye cruzaban las líneas del los ejércitos humanos en un intento desesperado de libertad, el Portal Negro explotó detrás de ellos; ya no tendrían regreso nunca más.
Ner’zhul y su leal clan Shadowmoon pasaron por el portal más nuevo de los creados, mientras masivas erupciones volcánicas comenzaban a quebrar al continente de Draenor. Los mares ardientes se levantaron y se lanzaron sobre los vestigios de la tierra; el torturado mundo finalmente era consumido en una masiva explosión apocalíptica.

Letargo de los orcos

Los meses pasaron, y más orcos prisioneros fueron atrapados y encarcelados dentro de los campos de internación. Como los campos comenzaron a estar demasiado llenos, la Alianza se vio forzada a construir nuevos campos en las tierras del sur de las Montañas Alterac. Para mantener en condiciones y proveer lo necesario a los nuevos campamentos, el rey Terenas proclamó un nuevo impuesto a las naciones aliadas. Este impuesto junto con las crecientes tensiones políticas por las disputas de límites, crearon malestar general. Parecía que el frágil pacto que había unido a las naciones humanas en su peor momento se estaba por romper.
En medio de los disturbios políticos, muchos de los guardianes de los campos comenzaron a notar un cambio en los orcos cautivos. Los esfuerzos de los orcos para escapar de allí o incluso para pelear entre sí habían decrecido mucho hacía tiempo. Los orcos estaban volviéndose letárgicos y distantes. Aunque fuera difícil de creer, los orcos-quienes habían sido anteriormente la raza más agresiva de Azeroth- habían perdido su voluntad de luchar. El extraño letargo confundió a los líderes de la Alianza y continuó tomando la vida de los débiles orcos.
Algunos creían que una extraña enfermedad, sólo contraída por orcos, había provocado la desconcertante apatía. Pero el mago Antonidas de Dalaran propuso una hipótesis distinta. Investigando lo poco que pudo encontrar sobre la historia de los orcos, Antonidas encontró que los orcos habían estado bajo la influencia de poderes demoníacos durante generaciones. Entonces dedujo que los orcos habían sido corrompidos por estos poderes antes de su primera invasión de Azeroth. Claramente, los demonios habían fortalecido a los orcos con su sangre, y por eso llegaron a tener fuerza sobrenatural, resistencia y agresividad.
Antonidas creía que el letargo de los orcos no era una enfermedad, sino una consecuencia del abandono racial de la magia de los hechiceros que los habían convertido en guerreros temerarios y sanguinarios. Aunque sus síntomas eran claros, Antonidas no podía encontrar una cura para la condición de los orcos. Además, muchos de sus compañeros magos, así como algunos líderes notables de la Alianza, pensaban que era algo imprudente encontrar una cura. La conclusión de Antonidas fue que la cura de los orcos debería ser de corte espiritual.

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